miércoles, 5 de junio de 2013

¿Sufriendo por su operador celular? ¡pórtese bien!

Entre muchas características sociológicas que tenemos los colombianos, hay una que realmente me entristece: el mal llamado 'aguante'. Nos aguantamos todo, calladitos, como unos (perdón) pendejos. Las calles rotas, el transmilenio repleto, los abusos de entidades, etc., los vemos y vivimos a diario como unos borreguitos, tranquilos. Sin ánimo de sonar abusivo, hasta matrimonios y relaciones laborales destructivas nos 'aguantamos'.
Eso somos. Por eso, me parece una total estupidez ver, leer y escuchar gente que vive agobiada con su operador celular. ¿Cómo se guantan pagar por un servicio que no tienen?!! Sin entrar a hablar de marcas, ni casos, pues he escuchado comentarios negativos de todos los operadores, no me cabe en la cabeza (y eso que la tengo bien grandota) que una persona viva estresada, agobiada, luchando a diario con su celular por no tener cómo enviar un correo electrónico urgente; hacer o recibir llamadas, etc.
Para eso se hizo la portabilidad numérica. Y es tan sencilla como rápida: usted va al operador al que desea pasarse, escoge su plan y les firma la autorización de portación. Y ya. El resto lo hacen entre empresas. A los tres días usted estará en otro operador.
Eso sí, para aliviarse de su problema, le toca bajarse de una platica. Si tiene cláusula de permanencia, la tendrá que pagar. Si le dieron un equipo hace poco, subsidiado con su plan, tendrá que pagar la diferencia.
No tiene que esperar a que sea su fecha de corte. Si acaba de pagar su factura, mejor! Le tienen que descontar lo que le correspondería disfrutar del resto de mes a su deuda por la cláusula de permanencia. Los que tengan un plan corporativo y estén sufriendo por el servicio de dicho operador tienen dos opciones: reunir a los demás compañeros y exigir formalmente a la empresa que los porte, o, demostrar con hechos que el mal servicio reduce la productividad y eficiencia de los negocios, al no poder contestar una llamada, llamar clientes, enviar correos urgentes, etc.
En resumen: no sufra. Vean que el estrés es cosa seria. De verdad. Usted puede estar muriendo de a poco por un mal servicio celular. No lo haga. Colombia lo necesita. No hay plata que valga tanto sufrimiento. Pague y pórtese bien!

martes, 29 de enero de 2013

Cuando el fantasma de la inseguridad nos toca a nosotros...

Son tantas y tan comunes las noticias de violencia e inseguridad que a diario recibimos por todos los medios, que para el colombiano promedio dicho fenómeno se volvió paisaje. Una característica más de la cotidianidad de nuestro país, nuestras ciudades, algo con lo que toca lidiar y acostumbrarse a vivir. Claro, hasta el día en que nos toca cargar al hombro con esa lora. Literal, a mi me tocó ya. Gracias a Dios, sin consecuencias graves, ni heridas, ni nada.

Caminando por la calle, con mi esposa y mi concuñado, luego de comprar unos postres en una lugar de la ciudad muy concurrido en donde existen varios locales que los venden, hacia las 2 de la tarde, un muchacho se me colgó al cuello para robarme mi cadena. Obvio, di papaya. Y no lo digo por llevar la cadena a la vista, sino por olvidar la verdadera situación que vivimos de delincuencia e inseguridad en Bogotá. Son nanosegundos de confusión. Afortunadamente nuestro cerebro trabaja a esa velocidad: "Abrazofuerte-¿es un amigo?-Jalonazo-!me rompió la camiseta!-escucho insulto-!me está robando delante de todo el mundo!-codazo-ladrón huye". Todo pasa tan rápido que no hay tiempo para reaccionar como se debiera. Y menos mal, pues sería peor enfrentarse a unos muchachos que, con tal de no dejarse atrapar, harían lo que fuera. Además, mi hija estaba a escasos metros de la escena. Venía hacia mi corriendo cuando ocurrió todo. Queda mucho por reflexionar. Lo normal sería maldecir a la ciudad, al país. Agobiarse y volverse paranoico. Yo creo firmemente que esta situación es el resultado de la corrupción política que por décadas, desde siempre, nos ha gobernado. Esa corrupción sistemática que se ha llevado los recursos de todos a las arcas de unos pocos. Es así como para muchos la única oportunidad es delinquir y, claro, a fuerza de hacerlo, hacer de esa 'actividad' un estilo de vida, como el caso de 'Byron' (así lo bauticé), el muchacho de unos 40 centímetros menos de estatura que yo, bien vestido y peinado, que me miraba a la cara mientras corría a la moto que lo esperaba para escapar. Le vi su cara de susto. Él seguro vio la mía. Ambos quedamos frustrados. Byron por no llevarse mi cadena y yo por creer que este tipo de cosas sólo le pasaban a los que salen en las noticias a diario, baleados y acuchillados, muertos, por alguna pendejada que uno carga encima.
(Foto tomada de Elheraldo.com.co)

jueves, 23 de agosto de 2012

El peligro de inventarse personajes

No soy amigo de los programas realitie, o reality, o como se escriba. También soy claro al decir que tengo pocos insumos para opinar al respecto. Me vi uno, el primero, ese que ganó un mecánico rasta en una isla. Y creo que parte del primer Protagonista de Novela. De resto, nada, es decir, mi crítica no es desde lo argumentativo sobre tal formato de TV. De hecho la empresa para la que trabajo ahora lanzó un programa de este estilo.
Sin embargo, no deja de causar preocupación lo que pasó con este muchacho Óscar de Protagonistas de Novela. Y no lo digo por lo sucedido, lo de la crisis de nervios, el intento de suicidio y la amenaza con un arma cortopunzante a otro concursante, según cuentan algunos sitios.
Mi inquietud es sobre la responsabilidad de la empresa de televisión que se encarga de la producción. ¿Le cabría un juicio de responsabilidad no sólo moral, sino civil y hasta penal, por lo sucedido?
Vamos por partes. Saber que este muchacho, por su origen, personalidad, evidente afán de protagonismo, sería un personaje complicado y riesgoso de controlar, era evidente. No había que ser psicólogo para darse cuenta, durante la prueba de ingreso, que el man estaba rayado. Y allí viene lo grave: lo escogieron por eso mismo. Sin duda para la producción, esa personalidad encajaba perfecto con la receta.
Lo que sé de ese muchacho lo leí en medios como Kienyke. Alguna vez lo vi unos minutos, cuando mi esposa (creo que por fastidiarme en una discusión sin importancia) me quitó el control del TV y sintonizó el programa.
El juego con lo emocional no tiene límites en esos programas. Acá le llevaron al papá, cuando lo eliminaron del show. Hay rumores que dicen que luego de esto intentó suicidarse. Foto tomada de Kienyke.com

Lo triste y aún mas desolador es que Óscar es precisamente una creación de esa mala TV. No me refiero al Óscar enfermo de hoy, el hospitalizado. Aludo a esos jóvenes en nuestras ciudades y provincias que han sido criados por las novelas, programas insulsos, con valores sociales débiles, de sueños banales, con figuritas de papel que giran en torno a la belleza y la fama, la pataleta y la idea de que de esa manera se logra el éxito, la plata y la oportunidad de trasgredir lo establecido, por 'ser famosos'.
En Colombia, en nuestros pueblos, hay miles de Óscar. Hombres y mujeres que sueñan muy en serio con lograr esa promesa de éxito y felicidad que les ha construido la paupérrima TV nacional 'de entretenimiento'.
Claramente por eso este muchacho es como es. Frágil, agresivo, inestable emocionalmente, luchando a diario por crearse una personalidad que sigue a medias, combatiendo (con los valores que ha visto en sus novelas) con las adversidades sociales, con la socialización misma. Estoy seguro que un análisis sicológico a Óscar arrojaría resultados reveladores.
Este caso, ojalá me equivoque, se le saldrá de las manos a la empresa productora. Jugar a inventarse personajes, esta vez, les desbordó los planes. ¿Qué pasaría si, Dios no quiera, la historia de este muchacho termina en tragedia?
Algunos dirán que no. Que el raye de personas como Óscar no pueden ser achacado a la TV y su contenido. Pero desde mi óptica, creo que sí es así, por lo menos en una porción importante. No por nada se ha armado semejante polémica en torno a series como la de Escobar, que muy bien hecha, actuada y producida está, pero de valores éticos y morales para los más jóvenes, pocón.
Es triste verlo de esta manera. Lastimosamente seguiremos así. Con una TV formando a 'Óscares', los cuales, en su momento y cuando lo necesite, usará para seguir alimentando su triste fábrica.

jueves, 2 de agosto de 2012

Mi cuarto aniversario en Twitter

Según el servicio de Tweenfo (www.tweenfo.com) fue el primero de agosto de 2008, casi a las 11 de la noche, cuando creé mi cuenta de Twitter, salí del cascarón (ahora entiendo lo de los avatares de 'huevo' para los primíparos) y emití mi primer trino.
No recuerdo ese primer trino. Tampoco se puede recuperar. Para personas que hemos trinado mas de 3.200 veces, que es el límite que el servicio tiene para la consulta pública de su base de datos, no es posible ir hasta allá. Si usted está en ese rango de los 3.200, podrá hacerlo en servicios como www.mytweet16.com.
Lo que sí recuerdo es el 'amor a primera vista' con esta herramienta. Y como en todo proceso de enamoramiento, 'algo' le vi, 'algo' me cautivó. Estábamos en ese año en una época en la que el chat, la mensajería instantánea, era el medio de comunicación de la sociedad digital.
En palabras claras, la herramienta con la que perdíamos el tiempo era Messenger. Y en Facebook (el 31 de julio de 2007 abrí mi perfil).
También recuerdo que me demoré en escoger mi arroba, mi apodo. Y la elegí con el 'tecno' porque decidí que mi Twitter iba a ser meramente informativo sobre el tema que me apasiona: la tecnología.
Y así fueron mis primeros trinos. Una titular noticioso y un enlace a un 'app' o sitio web, de los que recomendaba en la revista Enter, en la columna del 'Dr Enter', cuando trabajaba en dicho medio.
Me prometí no trinar pendejadas, diferenciarme de, en su momento, el incipiente escenario en donde los "tengo hambre", "voy al baño" y "este es mi almuerzo", abundaban.
Obvio sucumbí y me volví tan banal como los demás, siguiendo precisamente la esencia apasionante de esta red que sobrevive y se empodera, precisamente, de esa condición básica humana de compartir, hablar, comunicar, etc., desde lo mas critico y serio, hasta la tontada mas insignificante.
Recuerdo que @hyperconectado tenia 800 followers, @Solano menos, pero crecía vertiginosamente, @diegocambiaso era otro de mis referentes, junto con @guapacho y @patton.
Mi Twitpic sí lo pude consultar desde el comienzo. Ver esas fotos me devuelve en el tiempo, me llena de mucha nostalgia, como me emociona saber todo lo que dicho y he callado en Twitter, una red de la que nunca me despegaré (espero), para seguir aprendiendo y disfrutando.
Finalmente: por qué digo que Twitter era chévere hace tres años? No se. Nostalgia tonta, tal vez.

miércoles, 11 de julio de 2012

Mi historia de amor con Santafé


No soy de esos hinchas que tienen en claro fechas, nombres de jugadores, o de los que recita alineaciones exactas de la 'época dorada' del equipo. Pero soy santafereño. Diría que de los clásicos-ortodoxos. Y para ser ese tipo de hicha santafereño se deben cumplir varios elementos: sufrir con abnegación con los resultados. Buenos o malos pues, por lo general, Santafé logra sus victorias de manera sufrida, en los últimos minutos, cuando ya no quedan uñas y los músculos perineales ya no dan mas. El santafereño ortodoxo no maldice o insulta a la institución. Critica, como todos, a sus jugadores y técnicos, pero nunca irrespeta al equipo. Lo que se ama no se hiere.
El santafereño ortodoxo-clásico odia con devoción a millitos. Es un odio curado, constante, profundo, persistente, del bueno, como un buen whisky, añejo y muy fino.
También es un hincha que va al estadio sagradamente, que lo escucha por radio cuando va de visitante. En mi caso personal debo confesar que el estrés me invade de tal manera, me da taticardia, me cambia el genio, sufro de ansiedad previa al partido, que por salud (y gracias a un TV LED de 55 pulgadas y Directv HD) he optado por verlo desde la comodidad de mi casa de unos meses hacia acá.
El santafereño ortodoxo ha llorado por su equipo. De alegría pero sobretodo por impotencia y rabia. La última vez que lloré en el Campín fue por un 1-4 que nos propinó el DIM en un partido clave para entrar a cuadrangulares. ¡Qué falta de garra la de esos pechofríos en ese partido! (Otra palabra que el hincha ortodoxo-clásico apropia y comprende: garra). Lloré en 1996 cuando jugamos el paso a la final de la Conmebol frente al Vasco da Gama del 'animal' Edmundo. Nos fuimos a penales. Dudamel tapó al displicente brasileño el primer cobro, el estadio estalló en emoción, se apagaron las torres... volvió la luz, ganamos... mucha emoción junta. 
Finalmente, el hincha ortodoxo-clásico ha heredado de su padre la pasión por el rojo. A mi me tocó además hacer el curso como es, sufriendo. Pasé mi infancia y adolescencia en El Espinal, Tolima, por labores de mi padre. En esa década ochentera, nos tocaba ir a ver a Santafé a donde más cerca nos quedaba: el Murillo Toro.
Camiseta, gorra y banderín con la imagen de Monaguillo, el león mascota de mi equipo, eran parte del ritual que nos llevaba los domingos hasta la capital tolimense. Y no teníamos un mal equipo: Carpene, Navarro Montoya (sí, el arquero colombo argentino), Batato Castro, Astolfo Romero, Umaña (quien fuera técnico del equipo años después), el palmero Morales (pata de la buena), Gottardi Cuero y Teglia.



Lo malo es que del lado pijao estaba nada mas y nada menos que el glorioso 'kokoriko Tolima' con figurones del tamaño de Víctor Hugo del Río (goleador histórico de ese equipo) a quien vi jugar en 1984. Claro, nos devolvíamos la mayoría de las veces con varios goles en el recuerdo, además de las rechiflas y burlas de los hinchas pijaos antes, durante y después del partido.
"Esto es ser hincha de Santafé, sufrir", me decía mi papá, imagino que al verme la cara de desazón luego de cada partido.
Luego vinieron los 90, épocas muy bonitas, de Tren Valencia, Checho Angulo, Freddy Rincón, Cañoncito hijo, Acisclo, Mondragón, Tilger, Ruben Darío... años más tarde Leider Calimenio (oh oh oh!), el calvo Pérez, Copete, gente que ahora nos tiene soñando con acariciar una séptima estrella.
Escribo este post antes de esos resultados. No se cómo nos vaya a afectar si quedamos campeones. Lo que sí se es que mi amor por esta camiseta no va a cambiar, pase lo que pase. Gracias rojo de mi alma.

martes, 10 de julio de 2012

El avión de Avianca...

Nunca he perseguido retribución alguna por mis quejas en redes sociales. A lo sumo, exponer la experiencia para el aprendizaje de los vinculados. Y esta queja no es distinta. Ni disculpas, ni plata, ni nada espero.
Estuvimos de vacaciones en Islas del Rosario con mi familia hace un par de semanas. Una oportunidad de tarifas que se alinearon nos permitieron tremendo destino. De regreso a Bogotá, mi cuñado entregó en el aeropuerto de Barranquilla sus maletas e incluso le ofrecieron que enviara la maleta que llevaba de mano, para que viajara más cómodo. Lo hizo.
Al llegar a Bogotá descubrimos que faltaba la cámara digital. Oh sorpresa, no sólo le abrieron la maleta en la que iba la cámara, sino una segunda maleta en la que iba, como no, el cargador. Hasta unas monedas que iban en ese bolsillo se llevaron.
Claramente se llamó de inmediato a Avianca a poner la denuncia. Aquí arranca la eterna lista de preguntas: ¿por qué no toman medidas inmediatas, si con seguridad el ladrón está en pleno turno en Barranquilla?


Se recibe la denuncia y a los días llaman a informar que no pagaban el equipo, por ser de valor y llevarse en bodega, pues está en la letra menuda, en las políticas de servicio, que es responsabilidad del usuario no entregar en custodia elementos de valor en su equipaje de bodega.
Graciosa respuesta. Aunque preocupante y no por el hecho de que no respondan (aunque si se entrega una maleta, es responsabilidad del transportador devolverla en el mismo estado y contenido al final del 'contrato'), sino por la triste desidia de la empresa por cortar de raíz el problema.
No llamen a decir "no le vamos a pagar", pues el valor del equipo no es el tema. Lo que uno espera  escuchar es "nuestros sistemas de seguridad y control detectaron al ladrón y hemos tomado las medidas", o algo por el estilo.
Mi experiencia con Avianca siempre ha sido buena. No me quejo, es mi aerolínea preferida, siempre lo ha sido, y en este impasse, no dejaré de usarla, aunque el dolor no se me pasará pronto.
Mientras llaman a decir que no pagan, por que además es su culpa de pasajero confiado, queda la sensación de que el ladrón, el avión de Avianca, sigue fresquísimo registrando y robando en otras maletas, con total impunidad.  ¿Acaso no entienden que cuando uno es víctima de robo, la principal preocupación es que se haga algo con el delincuente? Lo robado, robado está.
Bueno, mas o menos. Mi hija cumplió seis años durante las vacaciones y le preparamos un mapa pirata, escondimos su regalo, dejamos 'olvidada' una botella con el mapa en el mar, para que ella la encontrara. Su emoción, caras, gestos, durante la búsqueda del tesoro, y al llegar a la cabaña en medio de una piñata sorpresa con toda la familia, se fueron en esa cámara. El aparato, señores de Avianca, no vale. Por esas fotos y videos daría lo que fuera.
Disfruta de la cámara, avión. Espero que al menos te hayas enternecido con la cara de emoción de mi hija.

viernes, 22 de junio de 2012

Memorización: ¿enemigo natural de la globalización?


La sobreoferta de información hace compleja la creación de conocimiento.

José Carlos García R.

Es un hecho. En la era de la información y la multiplicidad de fuentes y medios, establecidos y sociales, la humanidad cada vez se sume en un escenario en donde la replicación de datos superpone a la creación intelectual.
Según un análisis de los expertos en fenómenos antropológicos de la comunicación, José Miguel Pereira, Director de la Maestría en Comunicación y coordina académicamente la Cátedra UNESCO de Comunicación; y Mirla Villadiego Prins, investigadora del departamento del Comunicación de la Universidad Javeriana, “vivimos un modelo educativo que privilegia la reproducción memorística por encima de la apropiación creativa del conocimiento”.
Ambos investigadores hacen alusión a la herencia del modelo educativo que, por siglos, nos ha llevado al aprendizaje por repetición. De hecho, como plantean en el libro ‘Comunicación, Cultura y Globalización’, los estudiantes presentan problemas para interpretar, contrastar y concluir, por lo que “en muchas oportunidades piden volver a las prácticas tradicionales” de medición por conocimiento memorístico.

El impacto de los medios sociales

En ese escenario, la globalización, apalancada en la explosión de información de los nuevos medios digitales y sociales, ha terminado por profundizar este fenómeno, generando en las audiencias una mayor lejanía e incapacidad a la hora de contextualizar y aprehender conocimiento.
Tal ambiente globalizado exige, por el contrario, precisamente de competencias de comprensión de los datos, pues “en la globalización se requiere de seres menos consumidores y más productores”, afirman los expertos.
La capacidad de comprender la realidad del entorno de manera contextualizada es la que permite la construcción analítica de conocimiento. De otra manera, el consumo pasivo de datos nos lleva a la incapacidad de diferenciar realidades propias, por encima incluso de información exógena irrelevante para la construcción de conocimiento local.
En tal escenario, la capacidad de contextualización se desdibuja desde la perspectiva localizada por una globalizada.